jueves, enero 12, 2006

Niños mexicanos se juegan la vida y desafían la vigilancia en la frontera con EU

El mexicano Jacinto Hernández, de 14 años, intentará hoy, como hacen otros 40.000 menores cada año, burlar la avanzada tecnología instalada en el cruce fronterizo conocido como el "Paso del Aguila" y entrar ilegalmente en EU.

Antes de poner en riesgo su futuro e incluso su vida, comerá en un hogar instalado por la Iglesia católica para atender a los emigrantes en el municipio de Tecate, estado mexicano de Baja California, donde se encuentra el "Paso del Aguila".

"Voy en busca de la tierra que nadie me ha prometido, pero que quiero conquistar porque en México no puedo conseguir empleo y necesito ayudar a mis seis hermanitos", afirma el joven procedente del estado de Querétaro (centro), quien ya ha intentado el cruce seis veces.

El "paso del águila" es una rendija en la amurallada y "caliente" frontera entre México y EU, que cuenta con vigilancia de última tecnología debido también a que en Tecate opera un estratégico paso de mercaderías entre los dos países, integrantes, junto a Canadá, del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN).

A Jacinto Hernández y otros emigrantes de diversa procedencia les espera un escuadrón de la Patrulla Fronteriza de EU, cámaras infrarrojas destacadas en las montañas y helicópteros equipados para patrullar por las noches y detectar a las personas en el bosque y el desierto.

"Si la 'migra' (autoridades estadounidenses) me detiene en diez ocasiones, intentaré cruzar once", dijo un desafiante Hernández, al salir de la "Casa del Migrante", un hogar de paso regentado por monjas y sacerdotes católicos en Tecate.

El joven ha intentado pasar al país del norte en otras seis ocasiones por cruces de la cercana ciudad de Tijuana, también en Baja California, donde se encontró con una extensa valla metálica de unos cuatro metros de altura, que en algunos tramos llega a ser triple y se adentra en el océano Pacífico.

"Lo que más rabia me da cada vez que fracaso en el intento es saber que tengo EU a menos de 20 centímetros y no poder siquiera pisar su territorio", señaló.

Después de sus seis intentos anteriores, el joven recorrió la autopista que conduce al aeropuerto internacional de Tijuana, bordeando la frontera, y vio decenas de cruces y figuras de ataúdes pintadas en la llamada "valla de la ignominia y la xenofobia" por muchos mexicanos.

Esas cruces y ataúdes recuerdan a "todos los adultos y menores, hombres y mujeres, que cayeron intentando buscar una vida mejor", dijo Hernández.

En la Cámara de Representantes de EU hay iniciativas para construir más muros a lo largo de los 3.200 kilómetros de frontera con México y endurecer las normas legales contra los inmigrantes sin documentos, pero Hernández aseguró que esas medidas serán en vano mientras haya niños y jóvenes necesitados en América Latina.

A diferencia de Hernández, varios menores no pudieron vivir para contar su temeraria experiencia de intentar viajar ilegalmente a EU o fueron sometidos a toda clase de abusos por parte de voraces traficantes de personas, proxenetas, narcotraficantes y otros criminales organizados, según organizaciones humanitarias.

"Muchos menores quedan abandonados a su suerte porque los 'polleros' (traficantes de personas) los engañan cuando llegan a la frontera o logran pasar al otro lado", comentó a EFE Uriel González, coordinador de un centro de atención a jóvenes emigrantes o deportados en Tijuana.

Los menores procedentes de otras regiones de México y el resto de América Latina varados en Tijuana, una ciudad de más de 1,5 millones de habitantes, donde circula el dólar estadounidense y el costo de vida es alto, están expuestos a quedar atrapados en las redes del bajo mundo, que en esa región habitualmente se expresan a tiros.

González dijo que a partir de 1997 se notó en Tijuana y otras localidades fronterizas una creciente llegada de jovencitas y niñas procedentes del sur de México y América Central, especialmente.

La hermana Trinidad Cardona, a cargo de la "Casa del Migrante" de Tecate, señaló a EFE que supo de casos de menores que murieron o quedaron heridos al intentar cruzar los desiertos y montañas, así como de madres adolescentes que han dado a luz en plena travesía.
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